
Femen se ha limitado a eliminar los pezones de sus fotos para que Facebook no las censure./ FEMEN Spain
Hombres y mujeres tenemos pezones.
El pezón humano es una protuberancia pequeña que se encuentra sobre
las mamas o pectorales rodeada de un área de piel más oscura conocida
como areola. La mayoría de las personas, tanto hombres como mujeres,
tenemos dos pezones situados en el centro de la mama. Algunas personas
poseen más de dos, pero no es lo habitual. No obstante, si miramos lo
que ocurre en la naturaleza, podemos decir que somos una especie con
pocos pezones; de hecho, somos los mamíferos que tiene menos, la mayoría
tiene 3 o 4 pares.
Incluso lingüísticamente sólo las mujeres tenemos
pezones. En la definición que ofrecen algunos diccionarios “pezón” es
“pezón femenino”, ya que sólo se define en relación al acto de lactar
En la areola, alrededor del pezón, a los hombres y a las mujeres nos
pueden salir algunos pelos, aunque las mujeres nos los quitamos y
resulta muy raro ver un pezón femenino con pelos (ya se sabe que las
mujeres no tenemos pelos en el cuerpo). En todo caso, los pezones de
hombres y mujeres son casi iguales a la vista y al tacto, y funcionan de
la misma o muy parecida manera para muchas cosas.
La zona del pezón y de la areola es una importante zona erógena para
los hombres y para las mujeres porque está surcada de nervios muy
sensibles a ciertos estímulos. A muchos hombres y a muchas mujeres nos
excita que, en el curso de un encuentro sexual, nos toquen, acaricien,
chupen, laman o muerdan los pezones. En esta situación los pezones de
los hombres y de las mujeres se hinchan, se endurecen y se yerguen. A
veces, no obstante, los pezones de los hombres y de las mujeres se ponen
erectos por su cuenta, por el frío, por ejemplo, porque algo les roza o
por cualquier otra sensación física o incluso psicológica, como el
miedo. En estos casos los pezones actúan como de la misma manera que eso
que llamamos “piel de gallina”.
Hombres y mujeres tenemos pezones, muy parecidos o incluso iguales,
pero socialmente sólo las mujeres tenemos pezones. Incluso
lingüísticamente sólo las mujeres tenemos pezones. Sin ir más lejos,
basta leer la definición que ofrecen algunos diccionarios para esta
parte del cuerpo para darnos cuenta de que “pezón” es “pezón femenino”,
ya que sólo se define en relación al acto de lactar.
Por ejemplo, en
The free dictionary,
pezón es: “Parte que sobresale más en los pechos de las hembras de los
mamíferos, rodeada por una pequeña zona circular de color rosado, de
donde maman las crías”;
el diccionario de la RAE
lo define más o menos igual, como la parte de la mama que sirve para
alimentar a los bebés. Así que para los diccionarios, los hombres no
tienen pezones. Esa debe ser la razón de que ellos los puedan enseñar y
nosotras no; que lo de ellos no es, en realidad, un pezón, sino sólo un
espejismo; donde creemos que hay un pezón, no hay nada.
Cuestión de anatomía no es, porque la anatomía del pezón de mujeres y
hombres es también muy parecida y ambos están compuestos por surcos o
conductos lactíferos dispuestos cilíndricamente alrededor de la punta.
El objetivo fisiológico de los pezones es que el bebé pueda mamar,
alimentarse de la leche producida en las glándulas mamarias de las
mujeres durante la lactancia. Es una diferencia importante, pero no
esencial. La realidad es que muchas mujeres no dan nunca de mamar, ni
ahora ni siquiera históricamente. Y, por si fuera poco, el pezón de los
hombres tiene los mismos conductos lactíferos que el de las mujeres: 15 o
20 que se disponen cilíndricamente alrededor de la punta y por los que
sale la leche cuando el bebé mama.
Aunque no es frecuente, los hombres también pueden dar leche y, de hecho, se han documentado varios casos de
hombres que han dado de mamar a bebés
que no tenían otra posibilidad de alimentarse. Si los hombres no dan
leche no es porque sus pezones no sirvan para eso, sino porque no
segregan la hormona de la prolactina ni están expuestos a otras hormonas
femeninas. Por tanto, en teoría cabe la posibilidad de que si los
hombres se hormonaran fueran capaces de dar de mamar y, de todas formas,
parece que son capaces de hacerlo incluso en ausencia de hormonación,
simplemente con una estimulación suficiente y constante. No quiero decir
con esta afirmación que los hombres podrían ir pensando en colaborar en
el amamantamiento, sino demostrar que los pezones masculinos y
femeninos son básicamente iguales, incluso anatómicamente iguales. Las
diferencias entre ellos son sociales.
Aunque dar de mamar en público aún no está siempre plenamente
aceptado, lo cierto es que este es el único momento en que puede verse
un pezón femenino en público en un contexto cotidiano. La razón es
obvia: en estos casos, sólo en estos casos y de manera muy frágil, la
maternidad se impone a la sexualidad. El pezón maternizado oculta al
pezón sexualizado y le da cierta respetabilidad, aunque no sin tensión y
no siempre. A pesar de que poca gente se atrevería a agredir a una
madre que está dando de mamar, sí que hay personas que se sienten
incómodas y hay lugares en los que se impide la lactancia en público.
Puesto que el pezón femenino es tabú por ser un pezón sexualizado, al
contrario que el pezón de los hombres, la incomodidad que sienten
algunos al ver a una madre dando de mamar pone de manifiesto que la
relación entre maternidad y sexualidad es también un tema tabú. El pezón
maternizado suaviza al pezón sexual, pero no del todo.
Para Facebook las mujeres podemos tener y enseñar
las tetas siempre que no tengan pezones. No hay más que ver las fotos
que ha tenido que retocar FEMEN para que no cierren sus páginas. Ellas
están igualmente desnudas, las tetas se ven claramente, pero son unas
tetas extrañas, sin pezón, parecen una extraña especie de marcianas
Podríamos quizá llegar a pensar que el problema no es el pezón en sí
mismo, sino la teta. Son las tetas femeninas lo que no puede verse
entonces, y el pezón sólo sería una parte de ellas. Pero no, está claro
que las tetas, es decir las protuberancias mamarias que en general sólo
tenemos las mujeres (aunque también hay hombres con tetas) no son el
problema, puesto que éstas pueden enseñarse sin problemas casi en
cualquier contexto. Hay escotes que enseñan las tetas y no están
prohibidos… a no ser que enseñen el pezón. Hay trajes de noche o
camisetas en los que la tela se detiene justo en el límite en el que ya
se intuye la piel oscura del pezón. Un milímetro más y el traje o la
camiseta serían indecorosos y objeto incluso de prohibición o censura.
Un milímetro menos y es completamente normal, elegante y femenino.
En Facebook son rapidísimos en censurar cualquier pezón, femenino
naturalmente. Para Facebook las mujeres podemos tener y enseñar las
tetas siempre que no tengan pezones. No hay más que ver las fotos que ha
tenido que retocar FEMEN para que no cierren sus páginas. Son las
mismas fotos, ellas están igualmente desnudas, las tetas se ven
claramente, pero son unas tetas extrañas, sin pezón, parecen una extraña
especie de marcianas. Así sí se pueden mostrar. Al parecer, según
Facebook, una teta con pezón es pornográfica e incita a la prostitución,
pero una teta sin pezón es inocente de toda culpa.
El uso del sujetador femenino tiene que ver con los pezones también.
Se usa sujetador para que los pezones no se noten. Las mujeres que no
usamos sujetador tenemos trucos para que nuestros pezones no nos
delaten. Reconozco que, a veces, cuando la tela de la camiseta es muy
liviana y aun así no quiero usar sujetador, me pongo una tira de
esparadrapo sobre ellos. Una especie de tirita antipezones. No molesta
ni aprieta, como el sujetador, e impide que la gente se fije en ello;
impide también que nadie me diga nada que no quiero oír a costa de la
visibilidad de mis pezones.
Y, naturalmente, todo esto se refiere a los pezones femeninos
exclusivamente, porque los pezones varoniles, como hemos dicho, no
existen. No existen en el diccionario, no existen en la vida social,
ellos pueden enseñarlos tranquilamente casi en cualquier contexto
informal. ¿Por qué? Pues supongo que por muchas razones, por todas
aquellas que sirven para explicar cualquier aspecto de la desigualdad.
En ese sentido, los pezones son como un compendio de la desigual
construcción corporal y social de mujeres y hombres. Las mujeres no
podemos enseñar los pezones porque están sexualizados y las mujeres no
tenemos sexualidad, o no debemos tenerla, o no debe notarse; porque
nuestro cuerpo es un objeto que no es para sí mismo (para sí misma) sino
para otros y, por tanto, tiene capacidad para, pasivamente, incitar y
provocar a quienes sí tienen capacidad de agencia (aunque
paradójicamente y al mismo tiempo se supone que no pueden contenerse);
porque nuestro cuerpo no nos pertenece y nuestra sexualidad tampoco: es
de un hombre y sólo él debe tener acceso al mismo o a lo sexual del
mismo; porque nuestras mamas y pezones son maternales sin dejar de ser
sexuales y la conjunción de sexo y maternidad, como hemos dicho, es uno
de los tabúes más profundos que existen -se supone que las madres no son
sexuales, se supone que uno no debe excitarse viendo una teta que
lacta-; porque el acto de dar de mamar remite a la animalidad; remite a
ese lugar del que el ser humano lucha por alejarse: la naturaleza, eso
que ellos no son pero que, en cambio, nosotras no dejamos de ser…
Seremos mucho más iguales cuando nuestros pezones lo sean; cuando
podamos ir, como ellos, a pecho descubierto en contextos informales, en
un parque, por ejemplo, o por la calle de un pueblo playero, o cuando
hagamos deporte en verano…; seremos más iguales cuando nuestros pezones
sean libres para notar la tela de la camiseta o del vestido y no los
tengamos encerrados obligatoriamente tras el sujetador y se
transparenten y se hagan notar. Hasta ese momento, mostrar las tetas en
público allí donde los pezones masculinos están permitidos y los
femeninos prohibidos, seguirá siendo un acto de rebeldía como otros
muchos en relación al cuerpo. Será entonces un acto valiente que
merecerá la pena seguir haciendo.